Swans – Deliquescence (2017)

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Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios.” (San Juan, Revelaciones)

Ya hace tiempo que no queda lugar para la duda:

Michael Gira es un profeta

pero no del tipo aquel personalista, jamás un ser cuyo rostro pueda ser tatuado en papel y vendido como estampita en las esquinas mas yonquis de la desgracia apática. Gira es un Janus, es el transporte, el primer llanto y el ejército de gusanos finales, el es profeta y la profecía. En sus manos descansan los dotes turbulentos que pueden ser emparentados con una mancha voraz de catástrofes, con las edificaciones del llanto levitando, desprendiéndose violentamente de la tierra, mientras montan un espectáculo larguísimo en el cielo para que nos quedemos mirándolo como un fenómeno único, hasta que al final, en un segundo, todo cae y te aplasta la cabeza mas de repente de lo que crees que existe en mediciones de tiempo. Y de alguna forma, tenes tiempo posterior para ver los fluidos de tu cuerpo, sesos, pensamientos esparcidos por el piso, durante horas. Las hogueras.

Después de 6 años, el último Swans ha muerto, llevado encima el mote de haber grabado el mejor disco del siglo 21 (The Seer) y dos discos dobles que van a quedar en los anales del delirio. Así es que, para despedirse (y refrmar la banda con nuevos metahumanos), vió la luz un último disco en vivo y, a la vez, el LP más largo que sacaron hasta la fecha (255 minutos, 7 canciones), registro de la última gira y con 3 temas inéditos que solo fueron tocados en shows (“The Knot”, pieza que abre el album, es un eructo porcino de casi 46 minutos). Entendemos así, con este registro bautizado Deliquescence, la quintaesencia de la útima mutación de Swans: el fuego invisible, sus trances, la violencia y los mantras repulsivos del hombre actual, hombre cobarde e infértil, seco como gusano en palangana de sal. El hombre que no crece, que no aumenta.

DISCO

 

#01 // Stereo (1969)

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Mecánicas de la mente, y.  

La distancia que se anula cuando nadamos en la profundidad ajena.

Las millas que separan a las individualidades psicosexuales son invisibles. En el futuro, hoy, ayer. Al Doctor Stringfellow sólo lo conozco por sus teorías, sus intenciones, y su indirecto y, no expresado explícitamente, deseo de retransportar las sensaciones humanas a parámetros que, si bien no son nuevos, son desconocidos, imposibles de experimentar por nosotros, los seres humanos objetivos, necesitados de una orgía de estímulos eclécticos, asesinos del silencio y la contemplación, violadores perceptivos.

“La tasa del flujo telepático entre dos mentes es directamente proporcional a la intensidad de la relación entre dos mentes”.

Ocho telépatas juntos, encerrados, desconocidos, en un edificio de geometría irreal: opresiva pero familiar y cómoda, la limpieza de un aire inmediatamente no viciado por las ansiedades y los códigos que rigen los poblados más allá de las praderas que, según pareciera, por naturaleza automática se mantienen perfectas. Stringfellow cimentó en algún lugar de Canadá la Academy of Erotic Enquiry para crear, estudiar y entender el proceso de empatía telepática, partiendo en una primera negación hacía la definición oficial de ésta virtud que dice “que se produce sin intervención de los sentidos o de agentes físicos conocidos”. La teoría revolucionaria dice que es imposible la comunicación sin antes establecer relación por medios comunes, entres desconocidos existe lo que existe entre nosotros (los objetivos): RUIDO . Entendido el fenómeno más allá de aquella expresión aperiódica de las ondas sonoras que molestan “en base a”, sino la comprensión de una realidad devastadora: nuestra casi absoluta imposibilidad de comunicarnos concretamente. La tragedia definitiva del evolucionado abstracto.

El ddesprendimiento de la Socioquímica de lo Erótico es esencial: lo sexual es el nexo más factible y perfecto para generar un nivel comunicativo superador, la nueva y definitiva revolución debe ser gestada en base al placer. El flujo telepático y su política tiene su electricidad aferrada a la fuerza del erotismo y la evolución social que se proyecta en una realidad muda, pero trascendental y compartida. La pregunta es que si nos volvemos absolutamente distantes a nuestra realidad (esa donde todos estamos terriblemente desconectados entre sí, y no hay retorno), y la totalidad de nuestras mentes se funde en vínculos de potencia eléctrico/sexual, si la separación momentánea no haría que la depresión cale más hondo que nunca. En cualquier extremo de comprensión, los humanos somos organismos basados en la más aterradora forma de necesitar. 

Lo que si podemos experimentar es tratar de encontrar al menos un ápice del mas alto nivel de entendimiento hacia la complejidad ajena:

EL SILENCIO CONSENTIDO ENTRE LAS PARTES